martes, 16 de abril de 2013
Arcipreste de Hita
Algunas
propiedades del amor.
Como
ya sabemos el libro trata principalmente de temas de amor. En este
fragmento, dirigido a las mujeres, el Arcipreste explica algunas de
las propiedades de este sentimiento.
Dícenos
Salomón y dice verdad,
que
las cosas del mundo todas son vanidad,
todas
perecederas que se van con la edad;
salvo
el amor de Dios, todas son liviandad(1). (…)
Amor
hace sutir (2) a quien es hombre rudo;
convierte
en elocuente (3) al que antes era mudo,
quien
antes fue cobarde, después todo lo pudo;
al
perezoso obliga a ser presto (4) y agudo. (…)
Una
falta le hallo al Amor poderoso
pero
no me toméis por decidor medroso(5),
aquí
está: que el Amor es un gran mentiroso.
Pues
según os he dicho en anterior conseja (6),
lo
torpe, con amor, a todo bien semeja (7).
Parece
cosa noble lo que vale una arveja (8),
lo
que parece no es: aplica bien la oreja.
Si
las manzanas siempre tuvieran tal sabor
por
dentro como tienen por fuera buen color,
no
habría entre las plantas fruta de tal valor.
Se pudren enseguida, pero ¡dan buen olor!
Lo mismo es el Amor; con su palabra llena
cualquier cosa que diga siempre parece buena;
no siempre es un cantar el ruido que suena,
por advertiros esto, señoras, no os dé pena.
Se pudren enseguida, pero ¡dan buen olor!
Lo mismo es el Amor; con su palabra llena
cualquier cosa que diga siempre parece buena;
no siempre es un cantar el ruido que suena,
por advertiros esto, señoras, no os dé pena.
(Arcipreste de Hita, Libro de Buen Amor)
1. Liviandad: cosa sin importancia.
2. Sutil: ingenioso.
3. Elocuente: persona con facilidad de palabra.
4. Presto: rápido.
5. Medroso: miedoso.
6. Conseja: cuento o ejemplo.
7. Todo bien semeja: con amor, hasta lo torpe parece bien o bueno.
8. Arveja: algarroba, legumbre que el poeta pone como ejemplo de cosa sin valor. Hasta lo que no vale nada parece cosa noble.
2. Sutil: ingenioso.
3. Elocuente: persona con facilidad de palabra.
4. Presto: rápido.
5. Medroso: miedoso.
6. Conseja: cuento o ejemplo.
7. Todo bien semeja: con amor, hasta lo torpe parece bien o bueno.
8. Arveja: algarroba, legumbre que el poeta pone como ejemplo de cosa sin valor. Hasta lo que no vale nada parece cosa noble.
Mio Cid
En Valencia estaba el Cid y los que con él son;
con él están sus yernos, los infantes de Carrión.
Echado en un escaño, dormía el Campeador,
cuando algo inesperado de pronto sucedió:
salió de la jaula y desatose el león.
Por toda la corte un gran miedo corrió;
embrazan sus mantos los del Campeador
y cercan el escaño protegiendo a su señor.
Fernando González, infante de Carrión,
no halló dónde ocultarse, escondite no vio;
al fin, bajo el escaño, temblando, se metió.
Diego González por la puerta salió,
diciendo a grandes voces: «¡No veré Carrión!»
Tras la viga de un lagar se metió con gran pavor;
la túnica y el manto todo sucios los sacó.
En esto despertó el que en buen hora nació;
a sus buenos varones cercando el escaño vio:
«¿Qué es esto, caballeros? ¿ Qué es lo que queréis vos?»
«¡Ay, señor honrado, un susto nos dio el león».
Mío Cid se ha incorporado, en pie se levantó,
el manto trae al cuello, se fue para el león;
el león, al ver al Cid, tanto se atemorizó
que, bajando la cabeza, ante mío Cid se humilló.
Mío Cid don Rodrigo del cuello lo cogió,
lo lleva por la melena, en su jaula lo metió.
Maravillados están todos lo que con él son;
lleno de asombro, al palacio todo el mundo se tornó.
Mío Cid por sus yernos preguntó y no los halló;
aunque los está llamando, ninguno le respondió.
Cuando los encontraron pálidos venían los dos;
del miedo de los Infantes todo el mundo se burló.
Prohibió aquellas burlas mío Cid el Campeador.
Quedaron avergonzados los infantes de Carrión.
¡Grandemente les pesa esto que les sucedió!
con él están sus yernos, los infantes de Carrión.
Echado en un escaño, dormía el Campeador,
cuando algo inesperado de pronto sucedió:
salió de la jaula y desatose el león.
Por toda la corte un gran miedo corrió;
embrazan sus mantos los del Campeador
y cercan el escaño protegiendo a su señor.
Fernando González, infante de Carrión,
no halló dónde ocultarse, escondite no vio;
al fin, bajo el escaño, temblando, se metió.
Diego González por la puerta salió,
diciendo a grandes voces: «¡No veré Carrión!»
Tras la viga de un lagar se metió con gran pavor;
la túnica y el manto todo sucios los sacó.
En esto despertó el que en buen hora nació;
a sus buenos varones cercando el escaño vio:
«¿Qué es esto, caballeros? ¿ Qué es lo que queréis vos?»
«¡Ay, señor honrado, un susto nos dio el león».
Mío Cid se ha incorporado, en pie se levantó,
el manto trae al cuello, se fue para el león;
el león, al ver al Cid, tanto se atemorizó
que, bajando la cabeza, ante mío Cid se humilló.
Mío Cid don Rodrigo del cuello lo cogió,
lo lleva por la melena, en su jaula lo metió.
Maravillados están todos lo que con él son;
lleno de asombro, al palacio todo el mundo se tornó.
Mío Cid por sus yernos preguntó y no los halló;
aunque los está llamando, ninguno le respondió.
Cuando los encontraron pálidos venían los dos;
del miedo de los Infantes todo el mundo se burló.
Prohibió aquellas burlas mío Cid el Campeador.
Quedaron avergonzados los infantes de Carrión.
¡Grandemente les pesa esto que les sucedió!
(Fragmento de la afrenta de Corpes)
MIO CID
Los guerreros de Mío Cid dicen a voces que abran,
pero están dentro con miedo, y no responden palabra.
Aguijó el Cid su caballo y a la puerta se acercaba;
el pie sacó del estribo y la puerta golpeaba.
Nadie la pudo abrir, que estaba muy bien cerrada.
Una niña de nueve años se acercó y así le hablaba:
«¡Oh Campeador, que en buena hora ceñiste la espada!
Abriros lo prohíbe el rey, anoche llegó su carta
con advertencias muy graves, con lacre real sellada:
bajo ninguna razón podremos daros posada;
nos quitarán, si lo hacemos, nuestros bienes y las casas,
e incluso nos sacarán los ojos de nuestras caras.
Si nos causáis este daño, oh Cid, no ganaréis nada.
Mejor que os ayude Dios con toda su gracia santa».
Y cuando acabó de hablar, la niña tornó a su casa.
Comprende el Cid que es del rey de quien ya no tiene gracia.
Y se alejó de la puerta, por Burgos veloz pasaba;
y llegó a Santa María: allí del caballo baja,
allí se hincó de rodillas, y emocionado rezaba.
Terminada su oración, el Cid de nuevo cabalga.
(Fragmento del cantar del destierro)
pero están dentro con miedo, y no responden palabra.
Aguijó el Cid su caballo y a la puerta se acercaba;
el pie sacó del estribo y la puerta golpeaba.
Nadie la pudo abrir, que estaba muy bien cerrada.
Una niña de nueve años se acercó y así le hablaba:
«¡Oh Campeador, que en buena hora ceñiste la espada!
Abriros lo prohíbe el rey, anoche llegó su carta
con advertencias muy graves, con lacre real sellada:
bajo ninguna razón podremos daros posada;
nos quitarán, si lo hacemos, nuestros bienes y las casas,
e incluso nos sacarán los ojos de nuestras caras.
Si nos causáis este daño, oh Cid, no ganaréis nada.
Mejor que os ayude Dios con toda su gracia santa».
Y cuando acabó de hablar, la niña tornó a su casa.
Comprende el Cid que es del rey de quien ya no tiene gracia.
Y se alejó de la puerta, por Burgos veloz pasaba;
y llegó a Santa María: allí del caballo baja,
allí se hincó de rodillas, y emocionado rezaba.
Terminada su oración, el Cid de nuevo cabalga.
(Fragmento del cantar del destierro)
Milagros de Nuestra Señora (Gonzalo de Berceo)
El labrador avaro
Había en una tierra
un hombre labrador
que usaba más la
reja que no otra labor,
más amaba a la
tierra que a su Creador,
y era de todas
formas hombre revolvedor.
Quería, aunque era
malo, mucho a Santa María,
oía sus sermones
siempre los acogía.
La saludaba siempre
diciendo cada día:
"Ave, llena de
gracia que pariste al Mesías"
Murió el avaricioso
de tierra bien cargado
y en soga de diablos
fue pronto cautivado.
Lo arrastraban con
cuerdas de coces bien sobado,
le cobraban al doble
que el pan que había robado.
Doliéronse los
ángeles de esta alma mezquina
porque se la
llevaban los diablos en rapiña,
quisieron socorrerla
tenerla por vecina,
mas, para hacer tal
pasta, les faltaba la harina.
Entonces habló un
ángel dijo: "Yo soy testigo,
es verdad, no
mentira esto que yo os digo.
El cuerpo que
llevaba esta alma consigo
fue de Santa María
vasallo y amigo".
Luego que este
nombre de la Santa Regina
escucharon los
diablos huyeron por la esquina.
Se derramaron todos
igual que una neblina,
dejando abandonada
aquella alma mezquina.
La vieron los
ángeles quedar desparramada,
las piernas y las
manos con sogas bien atadas.
Parecía una oveja
que yacía enzarzada;
fueron y la llevaron
para la su majada.
Nombre tan milagroso
y de virtudes tantas
que a los enemigos
ahuyenta y espanta
no nos debe doler ni
lengua ni garganta
que no digamos
todos: "Salve Regina Santa".
Milagros de
Nuestra Señora (Gonzalo de Berceo) Adaptación
jueves, 11 de abril de 2013
Crucigrama medieval
Para que repaséis algunos conceptos de los que hemos dado hasta ahora, os propongo hacer este crucigrama...
viernes, 5 de abril de 2013
¿Medicinas?
¡No se utilizaba anestesia!
Los médicos no eran más que sacerdotes o hechiceros...
Los instrumentos utilizados estaban sucios y la mayoria moria por infeccion, El miedo y la superstición desempeñó un papel importante en la medicina medieval. Mucha gente creía que las enfermedades eran un castigo de Dios, y la curación sólo podía venir de la ayuda divina. Los pacientes buscaban la sanación sólo a través de la oración o bien peregrinando a algún lugar santo, en vez de acudir al médico o al curandero.
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